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26Dec/091

Retiro, parte II

Como prometí, aquí está la historia de algunos de los monumentos más significativos del Retiro.

Retiro

La Montaña Artificial (localización)

La Montaña Artificial se encuentra en el extremo Noreste del Retiro, junto a la Puerta de O'Donnell. Fue creada por orden de Fernando VII en 1815. El sistema planificado era bastante ingenioso: la montaña, hueca, cubría a una noria que elevaba agua desde uno de los canales del parque hasta su parte superior. El agua, una vez arriba, bajaba en bonitas cascadas. La montaña tenía además un par de caminos subiendo en espiral a su parte superior, y un tragaluz desde el cual se podía ver el mecanismo interno. Esta disposición, con caminos en espiral, se denominaba de Montaña Rusa, antes de que en 1880 se inventasen las montañas rusas que conocemos ahora. Podemos ver otra Montaña Rusa a la vieja usanza en los Jardines de Aranjuez.

El caso es que, aunque la estructura era muy inventiva, la noria del interior de la montaña se derrumbó al poco tiempo, dejando a la estructura sin uso alguno. Debido a este abandono, fue habitada por una multitud de gatos semisalvajes, pasando a ser conocida como la Montaña (o Escribanía) de los Gatos. La montaña no estuvo mucho tiempo en desuso, usándose como parte de las instalaciones de la cercana Casa de Fieras, como recinto de los osos (y pasó a conocerse como Montaña de los Osos).

En la actualidad, retoma el nombre original, la Montaña Artificial, y en su interior se encuentra una sala de exposiciones (que jamás he visto abierta...). las bonitas cascadas y caminos de agua vuelven a funcionar. Eso sí, esta vez con un sistema de bombas hidráulicas, como cualquier fuente.

Ruinas de la Ermita de San Pelayo y San Isidoro (localización)

En los años en los que Felipe IV dio forma al Retiro, existía una cierta "fiebre" por la construcción de ermitas en el interior de los jardines. Estas ermitas se encontraban rodeadas de estanques y comunicadas por pequeños puentes de madera. Cerca de la Montaña Artificial se encuentran las ruinas de una ermita de corte románico, la de San Pelayo y San Isidoro que, curiosamente, no fue construida en el parque durante esa época.

La Iglesia de San Isidoro había sido construida en la provincia de Ávila al menos en el siglo XII, mucho antes que el Real Sitio, y transportada al lugar donde se encuentra tras la Desamortización. En el siglo XIX, ya en estado ruinoso muy deteriorado, era propiedad de Emilio R. de Nicolau, quien la donó al Estado. Tras una breve estancia en el Museo Arqueológico, fue mudada al Retiro en 1897. Aunque Cánovas del Castillo tenía previsto restaurarla en la localización actual, los planes se quedaron en el tintero.

La Casita del Pescador (localización)

Cerca también de la Montaña Artificial, se encuentra la Casita del Pescador, un pequeño edificio situado en medio de una laguna y comunicado por un puente de madera.

Este diminuto edificio forma parte del mismo complejo que la Montaña Artificial, correspondiente a la parte del parque que Fernando VII reconstruyó con más empeño para uso de la Realeza tras la Guerra de Independencia, que dejó gran parte del parque en ruinas. La casita era un edificio de reposo y esparcimiento para la Corte (supongo que para pescar en la lagunilla, aunque no he encontrado fuentes fiables de ello). Estuvo muchos años abandonada y sin uso tras la Revolución de 1868, pero en el año 2004 fue restaurada y hoy en día es uno de los puntos de información de parque.

La Casa de Fieras -Jardines del arquitecto Herrero Palacios- (localización)

Si tuviese que contar todos los detalles que quiero contar de la Casa de Fieras del Retiro, debería crear un nuevo blog (¿próxima jaula? ¡Qué horror!), así que intentaré resumir y condensar.

La Casa de Fieras tiene sus orígenes en 1774, año en el que Carlos III manda construir un parque de animales en los terrenos de lo que hoy es la Cuesta de Moyano. Junto al Parque Botánico y al Museo de Ciencia Naturales (actual Museo del Prado), su intención era crear un complejo de estudio-disfrute de la naturaleza similar al de otras Cortes europeas. Este zoológico fue el segundo de Europa, tras el de Viena.

Durante los años, sus instalaciones se fueron moviendo de una parte a otra del parque. A finales del siglo XVIII fue trasladado a la esquina adyacente a la Puerta de Alcalá. Fernando VII, en 1830, lo trasladó de nuevo a la zona próxima a la actual Puerta de Sainz de Baranda. Los restos de esta Casa de Fieras aún pueden verse en la actualidad, como parte de los Jardines del Arquitecto Herrera Palacios y los Jardines de Cecilio Rodríguez.

Uno de los edificios que aún pueden verse es La Leonera, un edificio alargado de dos plantas. En la planta inferior se situaban las jaulas de las fieras, que se encontraban hacinadas y sin separar por especies (varios tigres, panteras, hienas, chacales, lo que se llama un guirigay). En la planta superior se habilitaron lujosas estancias para la familia real y sus huéspedes, amuebladas con obras de arte y animales disecados. Pasar la noche en una de esas habitaciones debía ser la risa, entre el olor y los ruidos de varias hienas intentando quitarle la carroña a los chacales (el olor probablemente no lo notasen, ya que el suyo sería igual de malo).  Otros restos que pueden verse hoy en día son el foso de los mandriles y el recinto de aves acuáticas.

La Revolución de 1868 no fue positiva para la Casa de Fieras, ya que ésta pasó a ser de control estatal, y su mantenimiento encargado a un tratante de circo, Luis Cabañas, que la convirtió... bueno, en un circo... Aunque esto fue gran regocijo para las bestias pardas de nuestros bisabuelos y tatarabuelos, no fue tan divertido para las bestias de verdad, que fueron utilizadas en salvajes combates al estilo Gladiator, pero sin gladiadores.

El 31 de diciembre de 1918, el Ayuntamiento recupera el control directo de la Casa de Fieras y encarga su gestión a Cecilio Rodríguez, Jardinero Mayor del Ayuntamiento, que tenía la indiscutible ventaja de no ser un tratante de circo. Bajo Cecilio Rodríguez, la Casa de Fieras se amplía y se reorganiza considerablemente, incluyendo recintos de animales exóticos como avestruces, cebras, elefantes, antílopes, osos polares e hipopótamos. Los Jardines de Cecilio Rodríguez, situados al sur de los de Herrera Palacios, conmemoran la excelente gestión de este jardinero.

Tras un hiato producido por la Guerra Civil, durante el cual mueren una gran mayoría de los animales alojados en la Casa de Fieras, Cecilio Rodríguez vuelve a tomar la gestión del zoológico hasta su muerte en 1953. Hacia 1967, se alcanzan el millón y medio de visitas anuales, con más de 550 animales, comprimidos en un espacio claramente insuficiente. Así, en 1972 se construye en Zoo de la Casa de Campo, y se trasladan allí todas las instalaciones de la Casa de Fieras. El Zoo es hoy en día uno de los más avanzados de Europa

Los oponentes de los zoológicos patalearéis lo que queráis contra el esencial servicio de educación y conservación biológica que realizan, pero al menos tenéis que estar de acuerdo con que es mejor que un maldito circo.

La Rosaleda (localización)

Existen dos Rosaledas "oficiales" en Madrid. Ésta es la más antigua de las dos, construida por iniciativa de Cecilio Rodríguez en el año 1915, alrededor del lugar ocupado por la "estufa" o invernadero de plantas exóticas donado por el Marqués de Salamanca en 1876 (la estufa fue destruida durante la Guerra Civil). Anteriormente, la zona estaba ocupada por un estanque poco profundo que era utilizado como pista de patinaje sobre hielo durante los meses de invierno (recordemos que era la Pequeña Edad de Hielo, y el estanque se helaba por completo, cosa que hoy en día no sucedería durante mucho tiempo al año en Madrid).

La Rosaleda fue idea del alcalde de Madrid de la época, Carlos Prats, quien sugirió a Rodríguez la creación de un jardín de rosas similar al de algunas ciudades europeas. En concreto, el diseño se basó en el de la Rosaleda del Parque de Bagatelle en París.

Aunque la Rosaleda es una de las zonas más bellas del Retiro, botánicamente deja bastante que desear, ya que los parterres de rosas de distintos orígenes están situados sin ningún tipo de organización sistemática, atendiendo más a su carácter decorativo. Para suplir esta carencia se habilitó en 1956 la segunda Rosaleda de Madrid, situada en el Parque del Oeste, con mayor superficie y una organización más rigurosa. Mientras que la Rosaleda del Retiro se mantiene para el disfrute de los visitantes del parque, la Rosaleda del Parque del Oeste acoge anualmente un concurso internacional de rosas.

En la actualidad, de hecho, las rosas que vemos colocadas en la Rosaleda del Retiro provienen de los viveros situados en la del Parque del Oeste.

La Fuente del Ángel Caído y Fábrica de Porcelanas de la China (localización)

Dicen que Madrid es la única ciudad del mundo que posee un monumento al diablo. Esto probablemente no sea ya cierto, en una época en la que cualquier imbécil puede darle la vuelta a un retrete y llamarlo arte. De este modo lo que sí está claro es que Madrid es la única ciudad del mundo que posee un monumento al diablo que no es una puta mierda.

La Fuente del Ángel Caído ocupa la zona que antaño ocupaba la Ermita de San Antonio de los Portugueses, utilizada como hospital para los lusitanos enfermos que residían, o estaban de visita, en la capital. Carlos III, en 1759, ordena sustituir la ermita por otro edificio, la conocida como Fábrica de Porcelanas "de la China" (oficialmente, Real Fábrica de S.M. Católica). Los materiales y artesanos fueron traídos desde Nápoles, en donde el monarca había construído ya una fábrica similar en 1736 en Capodimonte. En el edificio trabajan treinta y dos químicos y una legión de obreros para producir la famosa porcelana del Retiro, utilizada para la creación de impresionantes obras de arte (muchas de las cuales podemos admirar hoy en día en el Palacio de Aranjuez, de visita obligada para cualquier madrileño, nativo o adoptado, que se precie de serlo).

¿Por qué "de la China"? Simplemente porque en la mente española, la porcelana está irremediablemente ligada como producto típico de este país. De forma similar a como las corridas de toros se llevan a cabo en sudamérica, pero cuando un extranjero oye hablar de los toros, piensa en España.

La Fábrica se mantuvo en esta plaza hasta la invasión francesa. Aunque normalmente se culpa a los franceses por la pérdida del edificio, lo cierto es que quedó muy dañado durante la acometida inglesa en la batalla del Retiro (13 de agosto de 1812). El general inglés Hill ordenó la destrucción de lo que quedaba de la fábrica, ante la pasividad de las autoridades españolas. Aún hay debate sobre si el ejército inglés se movió por intereses comerciales.

La escultura del Ángel Caído que se encuentra en la actualidad en esta plaza es obra de 1877 de Ricardo Bellver, y ganó en 1878 la Medalla de Primera Clase de la Exposición Nacional de Bellas Artes, celebrada en Madrid. Representa unos versos de El Paraíso Perdido, de John Milton:

"Por su orgullo cae arrojado del cielo con toda su hueste de ángeles rebeldes para no volver a él jamás. Agita en derredor sus miradas, y blasfemo las fija en el empíreo, reflejándose en ellas el dolor más hondo, la consternación más grande, la soberbia más funesta y el odio más obstinado (Milton, El paraíso perdido, canto I)."

La estatua fue fundida en bronce para poder ser exhibida en la Exposición Universal de París de 1878, y posteriormente pasó a formar parte de la colección del Museo Nacional. En 1880 se cedió al Ayuntamiento para ser situada en un lugar público, eligiéndose el Parque del Retiro. Francisco Jareño diseñó el pedestal y la fuente que acompañan a la escultura, y el conjunto se inauguró en 1885.

Cuando fue inaugurada, obviamente, causó una gran polémica, sobre todo entre los conservadores religiosos que eran incapaces de entender el poder de una metáfora, y veían en la estatua un ensalzamiento del diablo.

¡Continuará en la Parte III!

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25Dec/0910

Retiro

Bueno, creo que es hora de volver a nuestras estaciones, y hacerlo bien, a lo grande. Por esto he escogido la parada que representa a la zona que más me gusta de Madrid, con diferencia: el Parque del Retiro. Cuando hace bueno, suelo cogerme mi bici y dar vueltas por este parque, que me tengo aprendido como la palma de mi mano. Es uno de esos lugares mágicos de la capital donde puedes sentirte aislado de los problemas, el tráfico y el gentío.

Metro Retiro

¿De dónde proviene el nombre de Retiro?

El Conde-Duque de Olivares se encontraba en una posición delicada a finales de los años 20 del siglo XVII. El rey Felipe IV estaba lejos de ser el inútil manipulado por sus validos que en ocasiones ha pintado la historia, y los últimos años de gestión de Olivares habían dejado a España en una gran ruina (aunque, siendo justos, fue más problema de la política de la Corona de meter las narices en todo conflicto armado que hubiese en Europa en la época, bien con apoyo económico y militar como en la Guerra de los Treinta Años, o directamente como en las guerras en los Países Bajos). En Flandes, había habido grandes victorias como la Rendición de Breda en 1625, pero la derrota en Bolduque en 1629 señalizó el comienzo del declive militar español. El descontento crecía en el país, y Olivares era consciente de que el rey no lo permitiría por mucho tiempo. Este era, a fin de cuentas, el Siglo de Oro, época en la que los reveses políticos y militares contrastaban con la exhuberante riqueza artística de España.

Ante esta situación, Olivares hizo lo que haría cualquier español al encontrarse en una situación laboral complicada.

¿Trabajar duro y solucionarla? ¡No! He dicho un español... Sólo había dos opciones: mirar páginas guarras por internet en el trabajo, o parchear la situación para quitarle hierro. Como no había internet, Olivares se dedicó a intentar contentar al rey mientras intentaba imponer sus reformas por la vía autoritaria.

El rey tenía la costumbre de hospedarse en ocasiones en unos aposentos anexos al convento de San Jerónimo, situado por aquel entonces en las afueras de Madrid, una zona rural salpicada de huertas y señoríos. Estas estancias recibían el nombre de Cuarto Real. Aprovechando la cesión de unos terrenos alrededor del convento por parte del Duque de Fernán Núñez, Olivares planificó en 1629 la ampliación de los aposentos del Cuarto Real para agradar a Felipe IV.

La ampliación dio lugar a un palacio inmenso, de 145 hectáreas, conocido como el Palacio del Buen Retiro. "Retiro" viene a significar "lugar apartado y distante del concurso y bullicio de la gente", así que era un nombre que le venía como un guante. Aunque esta segunda residencia real estaba en las afueras, se encontraba relativamente cerca del Alcázar. Los jardines de este palacio son lo que hoy en día conocemos como el Parque del Retiro, aunque con las debidas modificaciones urbanísticas que han sufrido a lo largo de los años (como se puede comprobar al ver que, hoy en día, el convento de San Jerónimo no está al lado del parque).

Parece que al rey le gustó su nuevo palacete, aunque esto no impidió que en 1643 desterrase a Olivares, que fue procesado por la Inquisición el año siguiente y murió en 1645. Tendría que haber mirado páginas guarras, es más seguro que jugar a hacerle la pelota al rey.

En cualquier caso, el Palacio había sido construido aprisa y corriendo, con materiales de baja calidad, y su fin llegó durante la Guerra de la Independencia. En 1808, las tropas francesas tomaron el Palacio y lo convirtieron en un cuartel. Acabada la guerra, cuando Isabel II intentó restaurarlo, se vio que la mejor manera de hacerlo era tirándolo abajo.

Respecto a los jardines, el Parque del Retiro, pertenecía a la realeza, y sólo la familia real y sus invitados podían acceder a ellos. El rey Carlos III fue el primero en permitir el acceso al parque a los ciudadanos, siempre que cumpliesen con la condición de ir bien aseados y vestidos (¿bien aseados? Eso en el siglo XVIII...). Fernando VII, una vez ya no existía el Palacio del Buen Retiro, restauró la parte de los jardines que había quedado dañada por la guerra, y siguió la costumbre de abrir una parte de ellos al público. Finalmente, en 1868, con la Revolución de Septiembre (La Gloriosa), Isabel II fue destronada, y el Retiro se convirtió en un parque popular, abierto a todos los ciudadanos.

Durante la época temprana del parque, cuando todavía era propiedad prácticamente exclusiva de la realeza, tuvieron lugar en él algunas de las representaciones y actuaciones más espectaculares que la capital había visto hasta entonces. Los espectáculos de los jardines del Palacio del Buen Retiro convirtieron a la Corte de España en una de las más deslumbrantes de Europa, y se convirtieron en el punto de encuentro para multitud de poetas, escritores y dramaturgos, atraídos por la posibilidad de crear obras y arte con los que entretener a la Corte.

Lope de Vega, en su obra póstuma La Vega del Párnaso (1635), recoge una descripción poética de las fiestas de inauguración del Palacio nuevo. De acuerdo con la sensibilidad artíctica del monarca, se dieron la mano en ellas la pintura y la literatura, la música y el teatro, el deporte y la danza, los fuegos de artificio, las corridas de toros y las lanzas.

El estanque del Retiro fue una de las zonas donde se llevaron a cabo las representaciones más impresionantes. El estanque no ha cambiado mucho en su trazado desde que se abrió el Real Sitio del Buen Retiro en 1633. En la antigüedad, salían de él dos canales, poseía una isleta central y, obviamente, el Monumento a Alfonso XII no existía, encontrándose en su lugar un elegante embarcadero. El 29 de Junio de 1635 se representó en la isleta la obra Los Encantos de Circe, de Calderón de la Barca. La obra disponía de tramoyas y escenarios que dejaron encantados a los asistentes por su gran calidad y espectacularidad. Otra obra famosa fue el espectáculo de recreación naval (naumaquia) de 1639, El Mayor Encanto, Amor, también de Calderón de la Barca. Lujosas góndolas forradas de metales preciosos fueron traídas desde diversos lugares de Europa para el disfrute de la Corte (y sólo para ellos, recordemos que el público general tenía prohibida la entrada).

Exceptuando alguna actuación esporádica, el uso del estanque como escenario decayó con los años. Cabe destacar la película de 1964, El fabuloso mundo del circo, de Samuel Bronston, una co-producción entre España y Estados Unidos (y en la que aparecía un John Wayne que casi se queda frito en el plató por el cáncer de pulmón galopante que tenía de tanto fumar). Algunas de las escenas de la película fueron grabadas en Chinchón, Vicálvaro y Aranjuez, entre otras localidades madrileñas, aparte de, por supuesto, en el Estanque del Retiro.

Ya que el blog ha estado cerrado tres semanas, me gustaría seguir con esta entrada, hablando un poco de la historia de algunos monumentos del parque, que creo que tienen mucho encanto, así que manteneos en espera para el siguiente post, entre hoy y mañana :)

¡Feliz Navidad a todos!

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25Nov/090

Antón Martín

La parada de Antón Martín se encuentra en pleno centro de Madrid, en el cruce de la calle Atocha con la plaza de su mismo nombre. En los alrededores de esta estación se hallan la Filmoteca Española, el Teatro Monumental y la Iglesia de San Sebastián. La estación fue de las primeras en ser abiertas, en 1921.

Antón Martín

¿De dónde proviene el nombre de Antón Martín?

Obviamente, el nombre de la estación es heredado de la plaza. Pero, ¿de dónde viene el nombre de la plaza? O más bien, dado que parece que Antón Martín es un nombre propio, ¿quién era Antón Martín?

Antón Martín nació en Mira, Cuenca, en el año 1500, hijo de dos campesinos acomodados, Pedro de Aragón y Elvira Martín. Don Pedro murió cuando Antón era pequeño, forzando a la viuda a casarse de nuevo, hecho que no fue demasiado bien acogido por Antón y su hermano Pedro. Así pues, decidieron independizarse y buscarse la vida cada uno por su lado. Antón fue a parar a Madrid, donde se ganó la vida como miliciano, y finalmente acabó trabajando como soldado profesional en Valencia. Y así habría seguido su vida, si no fuese por un "momento culebrón" que la cambiaría por completo y le convertiría... en uno de los padres de la medicina española.

El caso es que el hermano de Antón, Pedro, había acabado yendo a parar a Guadafortuna, pueblo de la provincia de Granada. Allí, una familia de bien se había propuesto casar a Pedro con una de sus hijas. Ante la negativa de Pedro, la reacción de la familia fue asesinarle. Una gente maja, maja. Como es lógico, Antón viaja a Granada para exigir justicia. La familia es apresada y el asesino, Pedro de Velasco, condenado a la horca. Sin embargo, la popularidad de la familia en el pueblo hace que los vecinos protesten contra una condena tan brusca. Antón Martín se niega a cambiar la pena, sediento de venganza (comprensiblemente).

Da la casualidad de que en esos momentos se encuentra en Granada el religioso Juan de Dios, buscando recursos para levantar un hospital y,  enterado del suceso, aborda a Antón para intentar convencerlo de las virtudes del perdón. Se forma una amistad entre los dos, y finalmente el asesino es perdonado. Antón se convierte en discípulo de Juan de Dios y, cuando éste muere en 1550, es él el elegido para continuar su obra. Volviendo a Madrid, presenta al rey Carlos I el proyecto de crear en la ciudad un hospital para enfermos de cirugía.

El hospital, conocido en Madrid como de Nuestra Señora del Amor de Dios o de Antón Martín, que además era convento de hospitalarios, se construyó en el año 1552, gracias a la cesión de dos extensos terrazgos propios de Hernando de Somontes y Catalina de Reinoso, su mujer.

El Hospital de Antón Martín en el plano de Texeira

El Hospital de Antón Martín en el plano de Texeira

El hospital, que con el tiempo absorbería al de San Lázaro y se converiría en el mayor de la villa, es considerado como uno de los primeros focos de ciencia médica en España. Fue fundado en un período muy necesario para la salud de los madrileños: en 1492, por el Edicto de Granada, se había expulsado a todos los judíos no convertidos de España. Desgraciadamente, la ciencia médica española se encontraba básicamente en manos de los judíos, que poseían una tradición médica mucho más extensa que la de los cristianos. La curación de la gente, de este modo, quedó en manos de charlatanes e impostores durante estos años.

El convento-hospital fue el primer centro dedicado a la dermatología y venerología (dado a la extensión de estas enfermedades en el centro de Madrid, en el que abundaba la prostitución y la suciedad). Además, se creó en su seno la  primera escuela de cirugía de Madrid. Esta escuela de cirugía se adelantó en 14 años a la creación de una cátedra sobre la materia en la universidad de Valladolid.

En 1656 se construye una pequeña iglesia adjunta al edificio, hoy reconstruida como iglesia parroquial de San Salvador y San Nicolás, y parte de las crujías en las que se sanaban a los enfermos. El conjunto es demolido a finales del siglo XIX, y sólo se salva el templo, el cual fue incendiado en 1936 y reconstruido tras la Guerra Civil.

¿Datos curiosos? Como primera medida la plaza tenía una de las puertas de la Cerca de Felipe II, la conocida como Puerta de Antón Martín. Ahora bien, teniendo en cuenta que la cerca fue construída sobre la misma época del hospital, cabe preguntarse qué nombre se le daba antes a la plaza, ¡o siquiera si existía! No he encontrado datos a ese respecto... Más datos curiosos: la plaza hoy en día no tiene numeración. Las casas y comercios situados en ella toman la numeración de la calle Atocha, siendo la plaza considerada sólo como un ensanche de la calle. Y otro más: en esta plaza fue dónde comenzó el famoso Motín de Esquilache.

Y finalmente la curiosidad por excelencia. El hospital fue derribado en 1899, y fue trasladado a la calle Doctor Esquerdo. Allí se mantuvo hasta los años sesenta, cuando volvió a derribarse el edificio, ya antiguo, para construir en su solar un hospital más moderno y equipado. De este modo, el nieto del hospital de Antón Martín es el que hoy conocemos como... ¡Gregorio Marañón!

Como plaza vale más bien poco...

Como plaza vale más bien poco...

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9Nov/094

Bilbao

La Glorieta de Bilbao es un punto de cita de la capital. Situada en la confluencia de las calles Fuencarral y Malasaña, se convierte en parte fundamental de uno de los ejes nocturnos de Madrid. Y, además, están alojados en ella -o cerca de ella- algunos de los bares con más encanto e historia de la zona.

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¿De dónde proviene el nombre de Bilbao?

Buah, ¡ésta es muy fácil! Pues se llamó así a la Glorieta en honor a la ciudad.

Pero entonces mi musa me susurró: "Vale, muy bien. Pero, ¿por qué? ¿Por qué no Glorieta de Valencia? ¿O Glorieta de Vigo?" Así que tuve que dejar la vaguería a un lado y recurrir de nuevo a los libros.

La Glorieta de Bilbao era en el siglo XVII las afueras de Madrid. Como parte de la construcción de la Cerca de Felipe IV, se alojó en las proximidades de la Glorieta una de las puertas. Esta puerta, construída en 1625, se encontraba a la altura del Palacio de los Marqueses de Terranova, frente a la actual calle de Ruíz. Como ocurrió con muchas puertas de las cercas de Madrid, fue restaurada unos años más tarde, en 1767, y situada finalmente al final de la calle Fuencarral.

Ambas puertas fueron conocidas como la Puerta de los Pozos, o Puerta de los Pozos de la Nieve, haciendo alusión a unos pozos o cuevas que existían extramuros, en la zona en la que hoy está el barrio de Chamberí, en los que se almacenaba durante el invierno la nieve que se traía desde la Sierra de Guadarrama, para utilizarla como hielo en los meses de verano. En ocasiones también se guardaba en estos pozos la nieve que se recogía en los días de nevada. Días de nevada. En Madrid... (para ser justos, era la Pequeña Edad de Hielo, lo mismo nevaba más...).

Plano de Texeira, en 1656. Si hacéis click podéis ver una imagen ampliada, en la que se ve la Puerta de los Pozos de la Nieve, justo debajo del escudo

Plano de Texeira, en 1656. Si hacéis click podéis ver una imagen ampliada, en la que se ve la Puerta de los Pozos de la Nieve, justo debajo del escudo

Con el tiempo, la ciudad fue creciendo al otro lado de la cerca, y se fueron cerrando algunas de las puertas, así, la competencia y registros de la Puerta de Foncarral (en la salida Norte de la Plaza de Ruíz Jiménez, o San Bernardo), fue trasladada a la Puerta de los Pozos, cambiándose el nombre por el de Puerta de San Fernando.

El nombre sin embargo, no duró mucho, y en 1837 se la dió el nombre de Puerta de Bilbao. El porqué de este nuevo nombre, sin embargo, seguía difuso, hasta que pude encontrar la explicación que, en 1844, dio Ramón de Mesonero Romanos, un tipo que, hablando en plata, sabía un cojón de Madrid. La Puerta era una de las que quedaban mirando al Norte, y daba entrada a la carretera real de Francia (del que ya he hablado en la entrada de Cuatro Caminos). La carretera real de Francia salía de la capital hacia el norte, hasta llegar a Irún, ciudad situada en la Comunidad Autónoma Vasca justo al lado de la frontera con Francia, y que adquirió por su situación una gran relevancia en el tráfico de personas y mercancías por tierra hacia el resto de Europa, especialmente con la llegada del ferrocarril. Así, el verdadero misterio no es por qué la llamaron Puerta de Bilbao, sino por qué no la llamaron Puerta de Irún, y a ese respecto Mesoneros... ni pío.

Mi suposición es que a pesar de que Irún era extremadamente importante como puesto de frontera con el resto de Europa, Bilbao se encontraba a principios del siglo XIX en los comienzos de una increíble industrialización, que la llevarían a ser fuente de materias primas para la industria española. Mientras que el ferrocarril llegó a Bilbao en 1857, no llegó a Irún hasta 1864. En 1837, a pesar de que Irún era la "cabecera" de la carretera real, Bilbao seguía siendo una ciudad más grande y más relevante que ésta.

En 1868, fue derribada la puerta, al igual que el resto de la cerca, ya que ya no valía para nada. Finalmente, en el año 1875 la explanada en la que había estado situada se denominó Glorieta de Bilbao, en honor a la puerta que había estado allí tantos años.

El Dafé Comercial en la Glorieta de Bilbao hoy en día

El Café Comercial en la Glorieta de Bilbao hoy en día

Hablando de la historia de esta Glorieta hay que mencionar al Café Comercial, uno de los más antiguos de la capital, fundado el 21 de marzo de 1887. El café era un famoso lugar de tertulias literarias en el periodo de la posguerra y es considerado uno de los cafés de la Edad de Oro de Madrid. Entre otras peculiaridades, como era la de servir un café exquisito, se cuenta que fue uno de los primeros cafés de la capital en emplear camareras.

13Oct/098

La Latina

En Madrid, La Latina puede referirse al barrio o al distrito. El barrio, que es el que da su nombre a la estación de metro, está delimitado hacia el Norte por la calle Segovia, hacia el Oeste por la calle Bailén, hacia el Este por la calle Toledo y por último hacia el Sur por la plaza de la Cebada y la Carrera de San Francisco. El distrito es mucho más amplio, extendiéndose hacia el SurOeste hasta llegar a cubrir el terreno de los antiguos Carabancheles.

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¿De dónde proviene el nombre de La Latina?

El origen del nombre del barrio se remonta al año 1500. Francisco Ramírez de Orena, secretario del rey Fernando el Católico se casó en diciembre de 1491 con Beatriz Galindo, escritora, humanista y preceptora de la reina Isabel la Católica. Beatriz Galindo, salmantina, era una de las mujeres más cultas e inteligentes de la época. De entre sus hermanas, fue la elegida para ser monja, y desde pequeña cursó estudios de gramática. Demostró tener una habilidad increíble para las lenguas, y a los 15 años hablaba latín mejor que algunos estudiosos de la época. Esta habilidad sobresaliente hizo que adquiriese una cierta fama, y la gente empezó a referirse a ella como "La Latina". Tal fue esta fama, que Isabel la Católica la llamó a la Corte en 1486, cuando iba a ingresar en un convento.

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Como era el caso de las parejas de "nobles" en la época, se dedicaron a crear una serie de obras piadosas. Una de ellas fue un hospital, construido extramuros, conocido como el Hospital de la Concepción de Nuestra Señora. Las obras de este hospital comenzaron en el año 1500. Al año siguiente, el 17 de Marzo de 1501, Francisco Ramírez murió luchando contra los moros en la Serranía de Ronda, y su viuda continuó el proyecto del hospital en solitario.

El Hospital fue terminado en 1507, y aunque su nombre oficial era Hospital de la Concepción de Nuestra Señora, la gente de la calle lo conocía como el Hospital de La Latina. Es de este hospital de donde hereda el nombre el barrio, el distrito y la parada de metro.

Como datos curiosos, Beatriz Galindo concibió en un principio que el hospital pudiese acoger a mujeres y varones enfermos (toda una revolución en la época), pero una vez abierto se rectificó esto. Abrió sus puertas solamente a varones enfermos, ya que el admitir también a mujeres “no convenía para la honestidad y guarda de la casa” (conocido como el síndrome de "¡¡El horror, una teta!!").

El Hospital fue derribado en 1904 para ensanchar la calle Toledo. Del edificio sólo se salvó la portada gótica que hoy en día se puede ver en los jardines de la Escuela de Arquitectura de Madrid. En la actualidad, su solar es compartido por una casa de vecindad, por el nuevo convento y el teatro de la Latina.

Portada del Hospital de La Latina, en el patio de la Facultad de Arquitectura. Algunos ponen gnomos en su patio, otros portales góticos de edificios del siglo XVI...

Portada del Hospital de La Latina, en el patio de la Facultad de Arquitectura. Algunos ponen gnomos en su patio, otros portales góticos de edificios del siglo XVI...

Hablando del barrio de La Latina, es necesario hablar al menos un poquito del Mercado de la Cebada. La Plaza de la Cebada, al igual que la Plaza Mayor, eran espacios vacíos creados extramuros a partir del siglo XV. En la Plaza de la Cebada se situaba uno de los mercados madrileños para la venta de cereales, legumbres y otros productos. Su nombre se debe a que en este lugar se separaba la cebada destinada a los caballos del rey de la de los regimientos de caballería.

El mercado era un mercadillo al aire libre, con ventas al por mayor. Se mantuvo en esta zona hasta 1875, año en el que, por la desamortización de Mendizábal, se reformaron las calles circundantes, y el mercado fue trasladado a un edificio de metal de gustos modernistas (gemelo al que hoy en día podemos ver en San Miguel, salvo por las cristaleras y los comercios snob, claro).

A comienzos de los años 50 del siglo pasado, este mercado fue derruido para ser sustituido por una aberración de cemento, que ha aguantado hasta este mismo año (2009), en el que tanto el mercado como el polideportivo adyacente están siendo reformados.

Otro dato curioso: el Mercado de la Cebada dejaba bastante que desear en cuanto a salubridad e higiene. A principios del siglo XX era considerado, hablando en plata, un pozo de mierda. No había suficientes neveras de hielo para mantener la mercancía en buen estado, de modo que los comerciantes se veían obligados a sacar las carnes sobrantes por las noches y llevarlas a sitios frescos para evitar su rápida putrefacción. Imaginad ahora el olor de ese mercado en pleno agosto... ¡Yuuuum!

El Mercado de la Cebada en el siglo XIX

El Mercado de la Cebada en el siglo XIX

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5Oct/095

Gran Vía

Hay pocas cosas más madrileñas que la Gran Vía. Se le ha llamado el broadway madrileño, debido a la gran cantidad de cines y teatros dedicados a musicales que hay en el tramo entre Callao y Plaza de España. Asimismo, posee tiendas de moda que, junto con la calle de Serrano, la convierten en uno de los máximos referentes de esta industria en España (traducción: hay cuatrocientos Zaras).

¿De dónde proviene el nombre de Gran Vía?

No parece que el origen etimológico del nombre sea muy difícil, ¿no? Es una vía, y es grande. De ahí Gran Vía. Una vez aclarado esto, contemos lo que es interesante.

A finales del siglo XIX, Madrid era urbanísticamente un desastre. La Puerta del Sol había sido remodelada en 1857, pero todo el tráfico de la capital en dirección Este-Oeste tenía que pasar por el eje de la Calle Alcalá, saturándose constantemente (y un atasco antes era peor, porque los coches ahora no defecan). Hubo varias propuestas para crear una vía alternativa que uniese la Plaza de San Marcial (actual Plaza de España) con la calle Alcalá (a la altura de la Iglesia de San José). Una de las más destacadas fue la de Carlos Velasco el 3 de marzo de 1886, el Proyecto de prolongación de la calle Preciados, describiendo una gran avenida transversal este-oeste entre la calle de Alcalá y la plaza de San Marcial. Proponía una avenida de 25-30 metros de ancho, pavimentada en madera (!!) y con glorietas en las intersecciones con otras calles. Con este proyecto ya se hablaba de la Gran Vía, como demuestra la zarzuela del mismo nombre, a la que inspiró.

En 1899 los arquitectos municipales José López Sallaberry y Francisco Octavio Palacios presentaron su Proyecto de reforma de prolongación de la calle de Preciados y enlace de la plaza del Callao con la calle de Alcalá, que fue el que finalmente fue aceptado, en 1901. En él se proponía el derribo de barrios enteros de edificios antiguos a lo largo del trazado de la calle, que se estableció en tres tramos: la Avenida A (calle Eduardo Dato) desde San Marcial hasta Callao, el Bulevar (avenida de Pi y Margall) desde Callao hasta Montera y la Avenida B (calle del Conde de Peñalver) desde Montera hasta Alcalá. Estos nombres cambiaron a lo largo de los años. Durante la Segunda República tuvieron nombres como Avenida de la CNT, Avenida de Rusia y Avenida de la Unión Soviética. Durante la guerra se la llamaba la Avenida de los obuses, en referencia a los proyectiles que el ejército franquista lanzaba sobre los pisos superiores del edificio de la Telefónica, que era usado como observatorio militar. Y durante la dictadura todo el tramo se conoció como la Avenida de José Antonio (Primo de Rivera). No fue hasta 1981 cuando Enrique Tierno Galván (tal vez el mejor alcalde de Madrid, tras Carlos III, claro) unificó la calle con el nombre que debía haber tenido desde 1909, la Gran Vía.

Las obras duraron desde 1909 hasta 1929. Obras eternas, muy a la madrileña. Pero el resultado fue impresionante: una vía principal de la ciudad, construida al estilo europeo, y flanqueada por algunos de los edificios más monumentales e impresionantes de la capital, como el Edificio Metrópolis, el Edificio Telefónica, el Palacio de la Prensa o el Edificio Carrión, cuyo anuncio de neón de la marca Schweppes  es uno de los símbolos de la Gran Vía y de la ciudad.

La parada de metro que hoy en día podemos ver es además una de las más antiguas de Madrid. Se inauguró en 1919, con el nombre de Red de San Luis, que es el nombre de la plazoleta que hay en la unión entre Montera y Gran Vía. Se instaló un templete de granito con una marquesina de hierro y cristal para resguardar el ascensor de acceso, obra de Antonio Palacios, que estuvo allí hasta 1972 y se convirtió, junto con el de Sol, en todo un símbolo del metro madrileño. La estación cambió de nombre a Gran Vía al año siguiente, y durante la dictadura fue la parada de José Antonio, pero en 1984 volvió a cambiar su nombre al de Gran Vía.

El ascensor era de acceso gratuito desde la calle. Sin embargo, había que pagar 5 céntimos (de peseta) para subir desde los andenes.

El ascensor era de acceso gratuito desde la calle. Sin embargo, había que pagar 5 céntimos (de peseta) para subir desde los andenes.

La conclusión obvia de esta entrada de hoy es que da igual las estupideces que hagan los políticos: la gente siempre va a llamar a las calles como les dé la gana.

1Oct/097

Sol

Cuando pregunté a mi musa por qué parada de Metro comenzar Próxima Estación, no tardó ni un segundo en responder: "Sol, por supuesto".

La Puerta del Sol es uno de los lugares más emblemáticos de la capital: El Kilómetro Cero, el reloj de la Casa de Correos, el oso y el Madroño, la estatua de Carlos III (¡el mejor alcalde, el Rey!) y, para gran frustración de algunos, el gusanito de cristal. La imagen que a muchos se les viene a la cabeza inmediatamente al hablar de Madrid es la de la Puerta del Sol, con todo su encanto castizo y su ambiente cosmopolita.

¿De dónde proviene el nombre de Puerta del Sol?

Durante gran parte de su historia, Madrid ha sido una ciudad amurallada. La primera muralla fue la que rodeaba el recinto musulmán de Muhamed ben Abd al-Rahman, construida en el siglo IX, y de la cual podemos ver algunos cachitos alrededor del Palacio Real y la Almudena. La segunda muralla, la conocida como Muralla Cristiana de Madrid, fue edificada entre los siglos XI y XII, cuando la ciudad ya había pasado al Reino de Castilla. De esta muralla también quedan hoy en día algunos escasos fragmentos.

El origen de la Puerta del Sol está en la tercera muralla de Madrid. Muralla que... no era gran cosa. Se trataba más bien de una modesta cerca, y así fue llamada: la Cerca de los Arrabales.

A lo largo del siglo XIII, la ciudad empezó a "desbordar", creándose arrabales fuera de las murallas. Estos arrabales, parcialmente urbanizados, eran difíciles de controlar, tanto en el sentido económico como sanitario. La creciente importancia política de Madrid con la dinastía de los Trastámara hizo que construir una cerca para rodear a todos estos edificios que se encontraban fuera de la Villa fuese totalmente necesario. La cerca se construyó en la primera mitad del siglo XV. Aunque no están claros los años exactos de su construcción, se sabe que en el año 1438, en el que se produjo una epidemia de peste bastante mortífera, la cerca ya estaba en funcionamiento como medida defensiva sanitaria (véase, si el guarda te ve toser, no entras ni pa Dios).

La Cerca de los Arrabales comprendía el área desde el Palacio Real por el Oeste, hasta Santo Domingo por el Norte y La Latina por el Sur. El extremo oriental de la cerca era la Puerta de la que hablamos en esta entrada: La Puerta del Sol.

La primera referencia a la Puerta del Sol por su nombre aparece en 1478. La Puerta se abría al camino a Alcalá y Guadalajara, un importante eje comercial (concretamente, se abría a un estercolero que había al otro lado de la cerca... la gente en esa época se distinguía por ser bastante guarra). Se piensa que su nombre surgió debido a ser la puerta más oriental de Madrid. Durante la Guerra de las Comunidades de Castilla, una revuelta popular en 1520-22, un sol fue pintado en lo alto de la puerta, pero al parecer no fue lo que le dio el origen al nombre, ya que llevaba usándose desde al menos 42 años antes.

Aunque la Puerta fue reconstruida en el siglo XVI (ampliándola hasta cubrir todo el ancho de la calle y reforzándola con ladrillo), como motivo de la entrada de Juana de Castilla y Felipe el Hermoso en la capital, fue derribada por completo antes de empezar el siglo XVII.

Posteriormente, el resto de la cerca fue siendo eliminada en las interminables reformas urbanísticas de la capital. De la Cerca de los Arrabales no queda nada. ¡Excepto el nombre de nuestra querida Puerta del Sol!