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5Oct/095

Gran Vía

Hay pocas cosas más madrileñas que la Gran Vía. Se le ha llamado el broadway madrileño, debido a la gran cantidad de cines y teatros dedicados a musicales que hay en el tramo entre Callao y Plaza de España. Asimismo, posee tiendas de moda que, junto con la calle de Serrano, la convierten en uno de los máximos referentes de esta industria en España (traducción: hay cuatrocientos Zaras).

¿De dónde proviene el nombre de Gran Vía?

No parece que el origen etimológico del nombre sea muy difícil, ¿no? Es una vía, y es grande. De ahí Gran Vía. Una vez aclarado esto, contemos lo que es interesante.

A finales del siglo XIX, Madrid era urbanísticamente un desastre. La Puerta del Sol había sido remodelada en 1857, pero todo el tráfico de la capital en dirección Este-Oeste tenía que pasar por el eje de la Calle Alcalá, saturándose constantemente (y un atasco antes era peor, porque los coches ahora no defecan). Hubo varias propuestas para crear una vía alternativa que uniese la Plaza de San Marcial (actual Plaza de España) con la calle Alcalá (a la altura de la Iglesia de San José). Una de las más destacadas fue la de Carlos Velasco el 3 de marzo de 1886, el Proyecto de prolongación de la calle Preciados, describiendo una gran avenida transversal este-oeste entre la calle de Alcalá y la plaza de San Marcial. Proponía una avenida de 25-30 metros de ancho, pavimentada en madera (!!) y con glorietas en las intersecciones con otras calles. Con este proyecto ya se hablaba de la Gran Vía, como demuestra la zarzuela del mismo nombre, a la que inspiró.

En 1899 los arquitectos municipales José López Sallaberry y Francisco Octavio Palacios presentaron su Proyecto de reforma de prolongación de la calle de Preciados y enlace de la plaza del Callao con la calle de Alcalá, que fue el que finalmente fue aceptado, en 1901. En él se proponía el derribo de barrios enteros de edificios antiguos a lo largo del trazado de la calle, que se estableció en tres tramos: la Avenida A (calle Eduardo Dato) desde San Marcial hasta Callao, el Bulevar (avenida de Pi y Margall) desde Callao hasta Montera y la Avenida B (calle del Conde de Peñalver) desde Montera hasta Alcalá. Estos nombres cambiaron a lo largo de los años. Durante la Segunda República tuvieron nombres como Avenida de la CNT, Avenida de Rusia y Avenida de la Unión Soviética. Durante la guerra se la llamaba la Avenida de los obuses, en referencia a los proyectiles que el ejército franquista lanzaba sobre los pisos superiores del edificio de la Telefónica, que era usado como observatorio militar. Y durante la dictadura todo el tramo se conoció como la Avenida de José Antonio (Primo de Rivera). No fue hasta 1981 cuando Enrique Tierno Galván (tal vez el mejor alcalde de Madrid, tras Carlos III, claro) unificó la calle con el nombre que debía haber tenido desde 1909, la Gran Vía.

Las obras duraron desde 1909 hasta 1929. Obras eternas, muy a la madrileña. Pero el resultado fue impresionante: una vía principal de la ciudad, construida al estilo europeo, y flanqueada por algunos de los edificios más monumentales e impresionantes de la capital, como el Edificio Metrópolis, el Edificio Telefónica, el Palacio de la Prensa o el Edificio Carrión, cuyo anuncio de neón de la marca Schweppes  es uno de los símbolos de la Gran Vía y de la ciudad.

La parada de metro que hoy en día podemos ver es además una de las más antiguas de Madrid. Se inauguró en 1919, con el nombre de Red de San Luis, que es el nombre de la plazoleta que hay en la unión entre Montera y Gran Vía. Se instaló un templete de granito con una marquesina de hierro y cristal para resguardar el ascensor de acceso, obra de Antonio Palacios, que estuvo allí hasta 1972 y se convirtió, junto con el de Sol, en todo un símbolo del metro madrileño. La estación cambió de nombre a Gran Vía al año siguiente, y durante la dictadura fue la parada de José Antonio, pero en 1984 volvió a cambiar su nombre al de Gran Vía.

El ascensor era de acceso gratuito desde la calle. Sin embargo, había que pagar 5 céntimos (de peseta) para subir desde los andenes.

El ascensor era de acceso gratuito desde la calle. Sin embargo, había que pagar 5 céntimos (de peseta) para subir desde los andenes.

La conclusión obvia de esta entrada de hoy es que da igual las estupideces que hagan los políticos: la gente siempre va a llamar a las calles como les dé la gana.